CUBA

Lo que ha de tener de especial este país -porque de ello no cabe duda- no lo otorga su restaurada arquitectura, o sus calles turísticas con restaurantes imitando estilos europeos, sino la alegría que transmite su pueblo, que con todo, vive como si el mundo se fuera a terminar.

No hay día donde una fiesta enciende una casa o prenda una calle con coloridos sonidos y gritos que en principio parecen grandes discusiones, pero que son parte de una conversación trivial en torno a una cerveza o un vaso de ron; sobre fútbol, política o cocina, la vehemencia es la misma, como si se jugaran la vida en las palabras.

Pero hay un lado dormido, contradictorio, disociado, fuera de contexto... es como ver esos autos viejos junto a los nuevos, como escribir un email a mi madre desde un computador en La Habana mientras suena el ring en un teléfono antiguo. Se detiene el tiempo en cada cuadra, pero solo un instante, hasta caer en cuenta nuevamente en esta dualidad.

Lo cotidiano está lejos del turista, pero de sobras en calles desconocidas o rutas de la mano de un amigo cubano. También del error de un camino que te lleva a una buena conversación de un vecino acogedor que te cuenta su vida, y si se atreve, a dar su opinión del país a un extranjero. Por lo menos así era el año 2000.

Estas imágenes análogas -no podía ser de otra forma- tienen casi 20 años y pese a los avances que ha tenido el país en temas de apertura, siguen reflejando esa sensación extraña entre libertad y coerción, entre revolución y estatus quo.

"Camello" (autobús). La Habana, Cuba.

Mural. La Habana Vieja.

Mercado. La Habana.

Malecón. La Habana.

Balcón. La Habana Vieja.

Paseo de El Prado.

San Antonio de Los Baños.

"Guagua". La Habana.

Malecón. La Habana.

Michael Jesús. La Habana.

Las 3 B. San Antonio de Los Baños.

Terminal de buses. Pinar del Río.

La Habana Vieja.

Peluquería callejera. La Habana Vieja.

Malecón. La Habana.

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